El sábado pasado pude ver, por fin, El árbol de la vida de Terrence Malick, y aunque fui sin hacer mucho caso a la publicidad que se le ha dado a través de las noticias (que si era "rara de cojones", o que si la gente se salía de la sala a los pocos minutos de proyección), reconozco que, 3 días después de haberla visto, sigo con el corazón partío con respecto a lo que vi en la pantalla del cine, y con cierta desazón intentando comprender, no la película en si (creo que no es tan ininteligible como algunos la tildan), sino más bien las sensaciones que tuve durante y después de la proyección.
Vayamos por partes.
No me es desconocida la escasa (pero personalísima) filmografía de esta especie de rara avis que es Terrence Malick. Empezando por sus primeros films imprescindibles como Malas Tierras (1973) o Días del cielo (1978) hasta su siguiente película, 20 años después La delgada línea roja (1998). Es precisamente en esta última, dónde se ven ciertos antecedentes de El árbol de la vida. La delgada línea roja se publicitó, en su momento, como una película bélica siguiendo la estela (antibélica) abierta también por Steven Spielberg en Salvar al soldado Ryan. Pero el caso es que, los que vimos (y disfrutamos) en su momento la película de Malick, nos dimos cuenta en seguida de que no se trataba de una simple película sobre la batalla de Guadalcanal en la zona del Pacífico durante la II Guerra Mundial. En La delgada línea roja no habían visceras, ni cuerpos despedazados, ni chorritos de sangre, ni nada por el estilo. Más bien todo lo contrario ya que Malick basó el hilo argumental de la película en las sensaciones y pensamientos de los soldados retratados, a base de mezclar cierta poética de las imágenes con la voz en off de los mismos soldados (en algunos casos resultando un tanto inverosímiles en boca de dichos personajes). Pero el caso es que la película nos sorprendió a muchos y nos gustó. Quizás más por la hermosura y el buen gusto de la gran mayoría de sus planos, la fantástica banda sonora de Hans Zimmer, una preciosa fotografía de John Charco, y todo ello complementado por unas eficaces interpretaciones de actores como Nick Nolte, John Cusack, Sean Penn, Elias Koteas o Jim Caviezel. Con sus pros y sus contras, muchos nos encontramos con una de la películas de género bélico más atípica que habíamos visto nunca y en mi caso, con un contenido audiovisual de lo más exquisito y cuidado.
La verdad es que, si no has visto El árbol de la vida, y te guías por el trailer (fantástico, por cierto), da la sensación de que estás ante un acontecimiento cinematográfico que va a dejar huella en la historia del cine. Y así lo vi yo, antes de que empezaran a pulular en los medios de comunicación las primeras críticas (y un buen montón de chorradas) sobre la película, haciendo hincapié, por supuesto, en la parte menos cinematográfica del asunto, como el hecho de que hubiera gente que a los 20 minutos se saliera de la sala, o que muchos no entendieran un carajo, e incluso, algunas (y algunos) salieran de la sala comentando, sin ningún tipo de rubor, "menuda mierda de peli del Brad Pitt". Pero bueno, consciente de que lo que sale en las noticias es un 20% (si llega) de verdad y un 80% de contar las cosas como si hubieras estado allí, aunque no hayas levantado el culo de la silla en la redacción, pues hice caso omiso a las crónicas de la película. No así a las críticas en medios especializados, (en los que vi amores y odios hacia el film casi a partes iguales) ya que una cosa es creerte lo que te dicen, y otra muy diferente es ir a ver una película sin saber un mínimo sobre qué es lo que vas a ver. Eso no significa que sepa lo que voy a ver antes de verlo, pero como no me gusta que me den gato por liebre, siempre intento recabar un poco de información antes de ir al cine. ¡Vamos!, que a mi ese rollo de meterme en una sala oscura, me tiren lo que me tiren, pues no me va mucho, y creo que algo de eso (o bastante) ha pasado con mucha de la gente que ha ido a ver El árbol de la vida. Estoy seguro de que unos pocos entramos al cine sabiendo que lo que íbamos a ver no entraba dentro de lo convencional (que también es cine).
Y efectivamente, a los 10 minutos de proyección sabes que aquello no es para nada cine convencional y mucho menos cine para palomiteros como se demostró 20 minutos después cuando abandonaban la sala 3 chicas cargadas con unos botes de palomitas y coca-colas, tamaño búnker (creo que una se cayó dentro de su bote y desapareció), mientras otra (en este caso) gilipollas de turno, desde las filas de atrás, tenía la necesidad de compartir, a grito pelado, su percepción de lo que estaba viendo: "parece un documentaaaaal".
¿Y qué es, a mi modo de ver (subjetivo por supuesto), lo que uno se encuentra con El árbol de la vida?. Pues nada más y nada menos que una personalísima reflexión sobre eso que llamamos "el sentido de la vida" por parte de un autor (en este caso del mundo del cine) con una "abstracción" (o no) perfectamente equiparable a la que pudiera haber surgido de otra disciplina creativa, dónde la abstracción parece estar más tolerada, como puede ser el caso de la pintura o la escultura... Pondría la mano en el fuego, sin miedo a quemarme, si llego a la conclusión de que muchos de los que se han cagado en esta película por no entender nada, seguro que no han juzgado de la misma manera un cuadro de Picasso o Dalí, como también creo que otros muchos entrarán al cine pensando que van a ver a Brad Pitt en una especie de segunda parte de El curioso caso de Benjamin Button.
Pero el caso es que El árbol de la vida no es, en si, un película abstracta, aunque muchos la hayan juzgado de esa manera. Para nada. El árbol de la vida tiene un hilo argumental claro en el que nos cuenta el proceso de vida de un niño, en una familia de los años 50, empezando, precisamente con el origen de la vida... No en el de la vida del niño, sino en el de la VIDA (en mayúsculas), desde la creación del universo (no es tan ilógico), pasando por el brevísimo (en cuanto a comparación con el tiempo del universo) intervalo de la infancia del chico hasta el momento en que ese niño es adulto y supuestamente descubre (aquí es dónde yo tengo algunas de mis reticencias) el sentido de su vida, como el de la humanidad entera, que no es otro que intentar comprender esa condición humana resultante de todo un proceso espectacular que tiene su punto iniciático en el origen de ese universo del que formamos parte.
Pero el verdadero problema de El árbol de la vida es que, una vez más se desaprovecha la oportunidad de explicar ese sentido de la vida, más allá del manipulador y repetitivo discurso religioso. Porque la verdad es que cuando uno está viendo las fantásticas imágenes con las que la película ilustra la creación del universo y el origen de la vida (en general y la propia del niño), uno empieza a desear que aquella película en verdad ayude, no a descubrir ese sentido, pero si a estar un poco más cerca de comprender la grandiosidad de ser un pequeñísimo grano de arena en una playa, como una minúscula parte de un TODO maravilloso e inmenso que sobrepasa los confines de la existencia humana. Y en eso, ¡zas! la protagonista (una hermosísima Jessica Chastain) suelta la frase que no querías oír: "Mira hijo, ahí arriba vive Dios".
Y es aquí cuando la película empieza a hacer aguas. De repente empiezas a darte cuenta de que no va ser posible que Malick te cuente un sentido de la vida sin relacionarlo directamente con la existencia de un dios al que, continuamente se dirigen las voces en off que surgen a lo largo de todo el film y que reflejan la supuesta perdición del ser humano al no encontrar respuesta en su dios. Y no es que me parezca mal. Todo lo contrario si pienso que es la opción personal de un autor. Pero creo que es eso mismo lo que al final lastra las posibilidades de que El árbol de la vida se convierta en la obra maestra que podría haberse equiparado, ni más ni menos que con la gran 2001, Odisea en el espacio. Y la comparo con la película de Stanley Kubrick, con total intención, ya que es sin duda la hermana gemela de El árbol de la vida en cuanto a complejidad, intención, y manera de reflejar esa condición humana de la que he estado hablando. Las dos son en si una odisea de la humanidad.
En cuánto a la parte meramente técnica, ahí es dónde la película roza la perfección. Estamos ante un film en que no hay ni un sólo puñetero plano que no esté medido al milímetro, algo que, para un fotógrafo como yo, es razón suficiente para quedarse fascinado por el conjunto audiovisual de todo el film. Sublimes y monumentales las imágenes que ilustran la creación del universo y el nacimiento de la vida, así como sensacional es cada plano que da sentido, precisamente, a ese sentido de la vida que el niño va descubriendo a lo largo de su infancia. Es tan apabullante la cantidad de encuadres fotográficos perfectos que lanza la película a lo largo de las más de 2 horas de metraje, que uno llega a pasar por alto la cara de existencialismo amargo que luce Sean Penn (supongo que por exigencias del guión) en los escasos 10 minutos en los que aparece. Algo parecido sucede con el repetitivo exceso de planos del personaje niño, también impregnado de ese aire existencialista, un tanto difícil de creer en un niño de dicha edad... Pero bueno, como ya he dicho, todo perdonado mientras uno goza con esa perfección visual del contenido (esta vez a cargo de Emmanuel Lubezki), acompañada por una preciosa (y preciosista) banda sonora a cargo de Alexandre Desplat.
Y podría contar mucho más en medio de este proceso de "absorción" de El árbol de la vida en el que me encuentro, pero creo que lo que pudiera contar de más es algo que, quien quiera, debería descubrir por si mismo en el cine. Como ya he dicho, mantengo mi corazón "partío" por lo que he expuesto en este post, pero teniendo claro que estamos ante un film que es imposible deje indiferente a nadie, algo que ya es mucho. O lo amas, o lo odias, o te rebanas el seso, buscándole el equilibrio, pero lo que no haces es consumirlo simplemente como un mero entretenimiento y ya está. Creo que será el tiempo el que le dará a El árbol de la vida el estatus que se merece. Quizás ahora sea simplemente un film polémico (sin sacar una teta, pegar 5 tiros o ser políticamente incorrecto), pero es posible que con el tiempo se acabe convirtiendo en esa obra maestra que creo podría haber sido, pero que por ahora, para mi, se quedó en el camino. Quizás con una segunda revisión lo vea más claro.
Y volviendo al film de Kubrick, dudo bastante que en el año 1968, cuando 2001, Odisea en el espacio se estrenó en los cines, hubiera una comprensión absoluta de un argumento tan complejo por parte de los que fueron a verla en su momento. Hoy, y con todo lo que hemos avanzado en conocimiento, sigue siendo una de las películas más ininteligibles hechas nunca. Pero, dejando al margen el hecho de que con el tiempo se convirtió en una de las más grandes obras maestras del cine, a mi personalmente me sigue fascinando y atrapando cada vez que la veo por muchos motivos más allá de su supuesto "hilo argumental". Por su música, por sus planos, por sus efectos especiales (portentosos para la época), por ese aura de misterio y grandiosidad que envuelve toda la película, etc, etc, etc... Eso si, a Stanley Kubick le debo agradecer el que en años tan lejanos tuviera el detalle de ser un poco más imaginativo (y amplio de miras) como para no recurrir a Dios para intentar hablarnos de la condición humana. Sin duda en eso estuvo mucho más avanzado a su tiempo de lo que ha estado Malick en plena era del conocimiento y la información...
El tiempo dirá...

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